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lunes, 12 de julio de 2010

PARÁBOLAS: EDUCANDO CON "VALORES"














EL VIENTO Y EL SOL



Hace muchísimos años, cuando todas las cosas tenían vida e incluso hablaban, el sol y el viento se pusieron a discutir sobre cuál de los dos era más fuerte. La discusión fue subiendo de tono, pues cada uno de ellos estaba super convencido de su superior fortaleza. Estando en plena pelea, vieron que, debajo de ellos, caminaba plácidamente un hombre y decidieron probar con él sus fuerzas. -Vas a ver cómo me lanzo contra él –dijo el viento-, y le quito el abrigo. Dicho esto, el viento comenzó a soplar con todas sus fuerzas. El hombre, al sentir contra su cuerpo los manotazos del viento, dobló los brazos sobre el abrigo para protegerse mejor y se alejó apresuradamente maldiciendo. El viento se encolerizó más todavía y trajo una fuerte lluvia contra el hombre que, en vez de soltar el abrigo, trataba de cubrirse con él lo mejor que podía. Después, el viento descargó contra él una inclemente nevada y lo único que logró fue que el hombre se acurrucara más y más debajo de su abrigo. -Nadie le puede quitar el abrigo –dijo el viento con despecho.


-Eso lo veremos ahora –dijo el sol calmadamente, y sacando su mejor sonrisa entre dos nubes doradas, comenzó a brillar cada vez más y a lanzar mansamente a la tierra su aliento. El hombre comenzó a sentir calor y a sudar, se desabrochó el abrigo y, al rato, se lo quitó. -Acabas de ver cómo te he vencido –le dijo el sol al viento-. Yo he logrado con suavidad lo que tú no pudiste con toda tu violencia.



EL VALOR DE LA LIBERTAD









Más puede una caricia queBeato Pedro Ruiz de los Paños, el fundador de las Discípulas de Jesús: “Dios no avasalla, no impone. Dios llama y espera. Dios se porta siempre como padre y no usa términos de violencia. Presenta la gracia, ofrece el tesoro, pero no nos obliga a abrirle por la fuerza. Espera pacientemente en la puerta, hasta que le abrimos”: un grito, una ofensa, una bofetada. El amor es mucho más fuerte que la violencia y que los golpes. Ni con amenazas ni castigos lograrás entusiasmar a los alumnos, o lograrás que te quieran. Si te quieren, harán ilusionados lo que les propongas. Si te temen, difícilmente lograrás entusiasmarlos o influirás positivamente en su conducta o en sus vidas. Ponte junto al alumno con bondad, con sencillez y con alegría, respeta su ritmo de aprender, su modo de ser. Trata de ser su amigo, y no olvides que “un amigo es alguien que sabe quién eres, que sabe por dónde has andado, que sabe todo lo que has hecho y, a pesar de todo, te invita y te ayuda a ser mejor”. Cada alumno es distinto e irrepetible, es “modelo único”, que tiene una misión en la vida y que cuenta contigo para conocerla y realizarla. Trata de esforzarte por llegar a ser tú mismo y, de este modo, estarás enseñando, sin necesidad de palabras, a tus alumnos a serlo. Sé siempre verdadero, coherente. Si Jesús nos dijo que la verdad nos haría libres, es también cierto que sólo los libres pueden ser verdaderos. Dios nos creó a todos creadores. Creadores del mundo y creadores de nosotros mismos. Lo que nos distingue de los animales es la capacidad de construirnos, de autocrearnos, de ser alfareros de nosotros mismos transformando el barro de nuestros talentos y posibilidades en vida y en felicidad. El arte de la vida consiste en hacer de la vida una obra de arte. Alienta a tus alumnos a que asuman el reto de su libertad. Ser libre no es hacer lo que me viene en gana, sino hacer aquello que me realiza plenamente. Invita, anima, ponte al lado del alumno, pero no impongas: Que sea él el que decida. Sé como Jesús, que sólo propone, invita y ayuda. Es lo que escribió el Beato Pedro Ruiz de los Paños, el fundador de las Discípulas de Jesús: “Dios no avasalla, no impone. Dios llama y espera. Dios se porta siempre como padre y no usa términos de violencia. Presenta la gracia, ofrece el tesoro, pero no nos obliga a abrirle por la fuerza. Espera pacientemente en la puerta, hasta que le abrimos”:




LA GAVIOTA Y EL PESCADOR

Una gaviota amaneció volando muy alto sobre el mar. Allá abajo divisó, haciendo espumas entre tanto azul, la barca de un pescador. -¡Ah, si yo tuviera una red como la de ese hombre –se dijo la gaviota- no tendría por qué resignarme a agarrar un solo pez tras varios intentos de picada en el agua! A su vez, el pescador, embelesado con el vuelo de la gaviota, se decía: -Si tuviera el privilegio de ver desde lo alto lo que puedo pescar, no me aventuraría tanto en aguas profundas y ni siquiera me alejaría de la costa en la madrugada, cuando todo pescador es ciego y su oído anda extraviado en la inmensidad. Muchas personas gastan su vida sin atreverse a ser ellos mismos, sin plantearse cómo en realidad quieren ser o cuál es su misión en la vida. Viven desgarrados por el afán de imitar a otros, por el deseo de parecerse o ser como alguien a quien envidian o admiran. Educar es ayudar a cada alumno a ser lo que está llamado a ser. A quererse, aceptarse y potenciar todos sus talentos y posibilidades, sabiendo que él es único e irrepetible. Vivir es construirse. La vida exige una lucha tenaz por llegar a ser uno mismo. Sólo ayudarás a otros a ser, si tú te esfuerzas por serlo, si vives comprometido en tu permanente crecimiento interior. Para ayudar a otros a ser auténticos y buenos, tú tienes que esforzarte día a día por ser cada vez mejor. Sólo es posible respetar y querer a los demás si uno empieza respetándose y queriéndose a sí mismo, lo que implica aceptarse y valorarse por lo que uno es, y no por lo que aparenta ser, ni por lo que tiene o dice tener. Recuerda y vive intensamente el poema Yo soy yo de Virginia Satir: En todo el mundo, no hay nadie exactamente como yo. Hay personas que tienen algunas partes en que se parecen a mí, pero nadie es idéntico a mí. Por lo tanto, todo lo que sale de mí es auténticamente mío porque yo sola lo elegí. Todo lo mío me pertenece –cuerpo, incluyendo todo lo que éste hace; mi mente, incluyendo todos sus pensamientos e ideas; mis ojos, incluyendo las imágenes que perciben; mis sentimientos, cualesquiera que estos puedan ser- coraje, alegría, frustración, amor, desilusión, excitación; mi boca, y todas las palabras que salgan de ella, agradables, dulces o bruscas, justas o injustas; mi voz, fuerte o suave; 13 y todos mis actos, sean estos para otros o para mí misma. Me pertenecen mis fantasías, mis sueños, mis esperanzas, mis temores. Me pertenecen todos mis triunfos y éxitos, todos mis fracasos y errores. Porque todo lo mío me pertenece, puedo llegar a familiarizarme íntimamente conmigo misma. Y al hacer esto puedo amarme y aceptarme, y aceptar todas las partes de mi cuerpo. Entonces puedo hacer posible que todo lo que me pertenece trabaje para lograr lo mejor para mí. Sé que hay aspectos de mí misma que me confunden, y otros que no conozco. Pero mientras me conozca y me ame, puedo buscar valerosamente y con esperanza la solución a mis confusiones y la forma de conocerme más. La forma como luzca, como suene para los demás, lo que diga o haga, lo que piense y sienta en un momento determinado soy yo. Esto es auténtico y representa dónde estoy en este momento.

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